Adela Casado Cano
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Boletín de noticias

¿Qué es Ecología Personal?

      Ecología* Personal es una propuesta de la psicología del día a día para el equilibrio físico, psicológico y social.

     La Ecología Personal, desde la psicología, se entendería como las relaciones de la persona, con su medio, y consigo misma. Es decir, nuestras acciones tienen una repercusión no solo en nuestro entorno, sino en nosotros mismos, incluso nuestros pensamientos, aquello que nos decimos o pensamos.  

     Una adecuada ecología personal es aquella que nos permite desarrollarnos como personas, como ciudadanos de una sociedad y como organismos de la naturaleza. En esta interdependencia debe mantenerse un equilibrio necesario para un correcto desarrollo.

 

     Cuando mis padres me trajeron al mundo lo hicieron con una maleta, la filogenética,  no sólo con los instintos propios de mi especie, sino también aquello que han aprendido y ha quedado marcado en su genética y que son nuestras predisposiciones, además de los modelos de comportamiento, creencias y pensamiento que me inculcan y que voy aprendiendo. Los recursos naturales del entorno influirán en mi desarrollo físico, marcando la esperanza de vida, de modo que algunas potencialidades se desarrollarán y otras no lo harán.  Si crezco en una zona cálida y luminosa con pocas lluvias, pasaré más tiempo en la calle, relacionándome,  enriqueciendo mis habilidades sociales, se presta a dedicar más tiempo, p.e., al saludo que cuando, por el contrario, está lloviendo y hace frio, que vamos incómodos y rápidos y nuestros saludos son tan fugaces que a veces ni se producen.

 

     Yo, a su vez, influyo en el entorno desde el nacimiento, e incluso antes, ¿o acaso mi madre no ha cambiado desde que estoy en su vientre? mis padres modificarán muchos de sus hábitos al tenerme y cuidar de mi. Aprenderé, por ejemplo, que debo cuidar mi entorno para tener una alta calidad de vida, y la basura la tiraré en los contenedores adecuados, no la dejaré en el suelo, porque el mal olor me da nauseas, las moscas me molestan y la visión de ratones entre desechos me desagrada; por tanto, procuraré reciclar para mantener mi hogar y el medio ambiente saludable, sintiéndome bien. Esta postura es ecologista.

 

   Si después de un agradable paseo, de regreso a casa, veo a mi madre con lágrimas, mi atención se centrará en observar sus gestos mientras por mi mente pasan probables causas, desde unos posibles bostezos a un estado emocional deprimido, una pena, y cuando conozca la causa, actuaré de manera diferente. Lo ecológico es preguntar sin presuponer, y escuchar.

   Si al ver sus lágrimas me dijera interiormente "qué poco dura lo bueno",  "la vida qué injusta es", "pobrecita, con lo mayor que es, no tiene alegrías ya" ...  estaría viéndonos como víctimas de un destino que no podemos controlar, que de alguna manera es caprichoso, sintiéndome impotente ante el mismo, mermando mi capacidad de decidir y cambiar, lo cual no me ayuda nada, y menos aún a mi madre, que está viendo mi preocupación en la cara, nota que me pongo seria, y empezará a preocuparse por mí. Entraríamos en un círculo vicioso. y no tardaríamos mucho en pensar que la vida no merece la pena, esta actitud derrotista es negativa, obviamente; mi cuerpo responderá con decaimiento y laxitud, apatía y cansancio.

    

    Vemos que lo que me digo  determina mi actitud, es decir, que las palabras tienen efecto en mí misma, y en el medio en el que me relaciono. A menudo desestimamos el valor y poder de la palabra y del lenguaje. Qué diferente sería si, en el supuesto de que mi madre esté llorando por pena, pensar que nada es eterno, ni la pena, que la tercera edad es una oportunidad de crecimiento interior, y que los achaques de salud pueden ser menores si hay alegría en su casa; esto que me digo, me induce a escucharla, y abrazarla con una sonrisa de aceptación y cariño. Mi cuerpo, en este caso se mantiene activo, presto a la acción, segura de mí misma.

     Si llego a decirme "no puedo", estaría programándome para la inacción, pues las palabras están inmersas en las creencias personales, y estas determinan nuestra percepción de nosotros mismos y de la realidad, marcando nuestros comportamientos.

 

     Personalmente, lo ecológico es armonizar todos mis aspectos, cuidando y mimando cómo me relaciono: conmigo misma, reforzando la autoestima y posibilitando el desarrollo de toda mi potencialidad; con mi grupo social, asertivamente enriqueciendo y enriqueciéndome; con mi entorno desde el mobiliario cómodo hasta la ropa limpia adecuada; con el medio ambiente, reciclando, haciendo buen uso de los recursos naturales (dado que son limitados y mi supervivencia depende de los mismos).

 

La Ecología Personal es, pues, una propuesta de la psicología del día a día para el equilibrio físico, mental, emocional y social.

 

*El término Ecología  deriva del griego oikos (casa) y logos (conocimiento); y  estudia las interacciones entre los seres vivos y su ambiente o medio.

 

Psicólogos Málaga
Adela Casado Cano
Centro de Psicología: Adela Casado, psicoterapeuta